¡EL ATAQUE A VENEZUELA, ES UN ATAQUE PARA AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE!
La intervención política y militar estadounidense contra Venezuela diseñado y ejecutado de manera premeditada, dolosa y desproporcional, que incluye el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la primera combatiente Cilia Flores, y la ejecución del cuerpo de seguridad, expone diferentes elementos que ameritan ser analizados a partir de los diferentes escenarios abiertos tanto para la revolución bolivariana, como para América Latina y el Caribe.
Un elemento que consideramos importante no ignorar, es la fragilidad, inoperancia e ineficacia del sistema jurídico internacional guardián de normativas que son mancilladas impunemente cada vez que se comete una agresión sin que ningún mecanismo jurídico sea activado en los diferentes organismos internacionales que en apariencias cumplen la función de regular las relaciones entre Estados en todos los ámbitos de interés entre naciones, que necesitan de un marco de seguridad jurídica, paz y justicia.
La realidad es otra, aun cuando sigue siendo importante llevar a esos organismos los conflictos políticos de las naciones porque constituyen de alguna manera una plataforma formal de denuncia, así como de organización de correlaciones y la adopción de acuerdos básicos en temas de intereses comunes; lo cierto es que frente a los intereses de Estados Unidos de imponer su voluntad indistintamente la forma y fuerza que utilice para imponerse, simple y sencillamente el sistema jurídico internacional no solo es frágil, es realmente inexistente.
Muestra de ello es que aun cuando expertos del Consejo de Seguridad de la ONU y representantes de diferentes países han denunciado todas las violaciones al derecho internacional cometidas por Estados Unidos contra Venezuela, no pasó nada, y aun habiéndose consumado los hechos del 03 de enero, el Consejo de Seguridad de la ONU a propuesta de Colombia apenas han convocado para analizar la situación.
Es válido cuestionar no solo la tibieza de estos organismos para regular conflictos y promover soluciones pacíficas, sino que también es válido remarcar la inclinación histórica a la agenda imperial para legitimar intervenciones en diferentes naciones del mundo. Uno de los casos más connotados es la disolución de Yugoslavia, que entre varias misiones resalta la creación del Tribunal Penal Internacional para juzgar con normativas jurídicas diseñadas a la medida de los intereses imperiales.
Por lo tanto, el matiz “democrático” del sistema jurídico internacional es insostenible y evidencia la crisis de esa falsa democracia, que no tiene nada que ver con los intereses de la humanidad, y en la medida que esa crisis se agudiza, también se seguirá agudizando la persecución de todas las fuerzas sociales y políticas de la izquierda latinoamericana y caribeña que representen una amenaza al estatus quo del sistema capitalista.
El nivel de asedio del imperio en lo que consideran su patio trasero, depende justamente del nivel de amenaza que represente la izquierda a sus intereses, los cuales están determinados con base a lo que de cada pueblo necesitan tomar. Así como hay gobiernos de derecha lacayos al sistema, que sirven en bandeja de plata lo que les piden, desafortunadamente también hay representaciones de la izquierda que les miden que de acuerdo a su matiz ideológico y su coraza para enfrentar al imperio, y atacan con mayor crueldad aquellos procesos más consolidados y definidos, y en América Latina.
Indiscutiblemente el proceso venezolano es uno de los principales objetivos a destruir, porque saben lo que representa no solo a nivel energético, sino también político, y un golpe al gobierno venezolano es un golpe político para la izquierda revolucionaria de América Latina y el Caribe. Este es un elemento más que debe estar presente en nuestros análisis.
Es importante analizar también el impacto que la aplicación de viejos manuales de la CIA tienen en las nuevas generaciones que están presenciando la salvajada con la que el gobierno estadounidense se imponen con total impunidad, y no existe una respuesta seria que explique por qué asumen el papel de policía, fiscales y jueces del mundo, porque se creen con el derecho de decidir sobre otras naciones y el destino de la humanidad. Debe constituir esto una valiosa oportunidad para concientizar a quienes esta desproporcional medida ha causado inquietudes e indignación, así como para consolidar y reafirmar el carácter antiimperialista en las filas de la izquierda y la lucha popular.
El descaro e insolvencia de un gobernante que carece de ética, moral y sensibilidad humana, que pretende encubrir con fanfarroneo y arrogancia la actual crisis económica, financiera y de gobernabilidad en su propio país, que lo ha llevado aceleradamente a perder respaldo de simpatía con un marcado 63% de desaprobación; aunado a ello, la crisis climática y pérdida de hegemonía en el mundo, son elementos que también deben analizarse porque explican el porqué de su accionar como una medida para sobrevivir a esa crisis múltiple en la que recursos naturales como los de Venezuela, que no solo es el petróleo, sino que también el gas natural, oro, hierro, cobre y otros no menos importantes y la disputa de los mercados de la región, evidentemente servirían como un flotador para seguir naufragando en las aguas turbulentas de un sistema y modelo económico en decadencia.
Lo que el mundo ha visto la madrugada del 3 de enero de 2026 es la materialización del asedio permanente de décadas por parte de los gobiernos de EEUU contra el proyecto político de Venezuela: más de 1000 Medidas Coercitivas unilaterales, guerra económica que condenó a los venezolanos y venezolanas al hambre, a la precariedad del sistema de salud y a la migración forzada de millones de familias, y que solo la
determinación de vencer del gobierno y la voluntad genuina del pueblo venezolanos que con trabajo de organización comunal, creatividad y disciplina han logrado superar cada una de esas situaciones.
En este sentido, el factor de la organización popular es otro elemento que debe estar siempre presente no solo como objeto de análisis, sino como parte de la agenda de trabajo permanente de la izquierda latinoamericana y caribeña. La historia demuestra que nuestro proyecto de transformación política, social, económica y cultural nuca será del agrado del imperio, por lo tanto debemos crear los cimientos de nuestra lucha, y en Venezuela hay un pueblo determinado a dar su vida por defender a la nación e impedir que vuelva a ser una colonia.
Si hacemos un breve recorrido histórico, desde la aplicación de la Doctrina Monroe como política exterior (América para los americanos o más concretamente para los estadounidenses), la aplicación de la política del Gran Garrote del Corolario Roosevelt, ha dejado una larga lista de intervenciones militares, golpes de Estado, miseria, destrucción y la instauración de sistemas políticos sumisos y serviles a EEUU en lo económico, militar y cultural. Precisamente esa es la esencia de su política exterior: justificar su expansión territorial a base de la fuerza, del poderío militar.
Ese poder necesitar instrumentos reproductores de la cultural de dominación que se han ido sofisticando con el desarrollo científico y tecnológico y de una amplia narrativa para legitimarse ante la sociedad. Como ejemplo, justificar la intervención en nombre de la “libertad” y la “democracia” que ha sido bandera de muchas organizaciones sociales, políticas y de jefes de Estado. Posteriormente esa narrativa fue echada al suelo por el mismo presidente Trump cuando descaradamente afirmó en la conferencia de Mar-A-Lago el 4 de enero que EEUU asumirá el control del país para “administrar” y explotar sus recursos petroleros.
Venezuela ha sido objeto de sistemáticos ataques, hasta de absurdos como la acusación de la existencia de un supuesto “cartel de los soles” dedicado al narcotráfico, y supuestas amenazas a la seguridad nacional de EEUU.
Lo sucedido el 3 de enero en Venezuela pone el sello del modus operandi que muchos creían que no iba a volver a suceder. No es algo nuevo, la historia de intervenciones militares de EEUU en el mundo, y particularmente en América Latina, es larga.
No es democracia, no es libertad, es colonialismo, sometimiento y una amenaza directa para quienes luchan por la autodeterminación de los pueblos. No se trata solamente del presidente Maduro y la primera dama Cilia Flores, no es una amenaza, es intervención real, cruda y dura para toda la región.
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